Resonancia Magnética

Ya pasó todo, ya le hicieron la resonancia magnética y ahora toca esperar los resultados.

Teníamos un plan, un buen plan que se desarrollaba en tres fases, (siesta, dormir tarde y levantarse tarde) la primera fase era conseguir que nuestro peque se echara una buena siesta, conseguido, a las tres y media cerraba sus ojitos para descansar y sí, echó una siesta de dos horas y media, ¡bien! la segunda parte del plan era estar hasta muy tarde con él jugando y entreteniéndolo para que luego durmiera mucho, así que estuvimos paseando mucho, cenando tarde, un baño a las once de la noche, tele puesta y juguetes por todos lados hasta las dos de la mañana que empezó a entrarle sueño y no podía más, así que sobre las dos y veinte cerraba los ojos listo para dormir ¡bien! segunda parte del plan conseguido y se suponía que sólo quedaba lo fácil, que era dormir hasta las tantas, para estar el menor tiempo posible sin comer.

Pero me he dado cuenta que no hay que hacer planes con este niño, a las 8:30 abría los ojos después de sólo haber dormido seis horas, y claro a cuatro horas de la prueba no podía comer ni beber nada, yo estaba desesperada y agobiada, así que nos fuimos a pasear para que el niño estuviera distraído y no se acordara de comer o beber.

Por suerte o por desgracia, A no sabe pedir comida, no sabe expresar que tiene hambre si no hay comida delante, por lo que estuvimos de paseo, en el parque y de nuevo paseo hasta el hospital cuando se hizo la hora, fueron cuatro horas horribles para mí, pero debía aguantar por él.

Llegó la hora y el pobre estaba tan cansado y apagado que se durmió a diez minutos de entrar, y cuando se lo llevaron se despertó llorando. Y yo también lloré cuando se lo llevaron.

Afortunadamente tardaron como 15/20 minutos y enseguida nos avisaron para recogerle, cuando le vi, dormido en la camilla, sólo quería llorar de pena, de alegría, sé que esta prueba es rutinaria, pero para mí es mucho.

Nos costó un poco despertarlo, y el pobre se encontraba desorientado y enfadado, al poco tiempo pudimos darle agua y si todo iba bien, en 15/20 minutos ya podía comer, así que fuimos dando un paseo hasta encontrar un sitio para comer y cuando nos asentamos ya había pasado ese tiempo por lo que mientras mi marido pedía la comida, yo le di teta, me sentí tan bien, y el pobre se quedó tranquilo mientras mamaba, como diciendo ¡por fin me dan algo! y en cuanto llegó la comida se levantó curioso a ver que podía comer más y conforme iba comiendo ya iba siendo más como es él, se le notó mucho el cambio, más activo (el pobre estaba apagado conforme pasaban las horas sin comer) y ya se movía como siempre.

Nos fuimos a dar otro paseo y al cabo de una hora (que nos recomendaron en el hospital) ya pudimos coger el coche para volver a casa.

Esa noche descansé mucho mejor que en la última semana.

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