Lactancia materna

A nació en diciembre del 2016. Desde el primer momento tuve claro que quería darle lactancia materna, aunque tenía mis dudas, mis preocupaciones, mis miedos y supongo que todas las paranoias que tiene una madre al dar a luz.

Nació con casi 3’300kilos.

Superé pronto la vergüenza de darle pecho en público, así que me sacaba la teta en cualquier momento y lugar, para dar de comer al peque.

Han pasado más de dos años y lo que más recuerdo de esa época es salir, estar media mañana fuera paseando, de compras, para arriba y abajo y visitar las salas de lactancia de los centros comerciales para dar de comer al nene. Afortunadamente, al niño le gustaba estar en el carro y el movimiento (y así sigue).

Recuerdo las largas noches con el nene al pecho, algunas fueron duras, muchas noches me juntaba una toma con la otra, porque al terminar, si le tenía que cambiar el pañal, dormirlo de nuevo y se despertaba pronto, le volvía a dar teta y yo estaba media noche despierta. Pero todo pasa, y lo mejor fue acostumbrarnos a darle el pecho tumbada de lado, eso fue una liberación, porque muchas veces nos quedábamos dormidos los dos.

Comencé a sacarme leche en abril para congelarla y tener un banco de leche de cara a mi incorporación al trabajo, fue duro, muchos malos momentos, y momentos de dejarlo y darle leche de fórmula, pero no sé cómo, llegué a mi objetivo de alimentarlo con mi leche el primer año, e incluso me llegó para el mes siguiente, pero me harté del sacaleches y como A ya podía tomar leche de vaca, tomé la decisión de que le dieran papilla o leche con galletas en la guardería para desayunar.

En estos 28 meses de lactancia, hemos pasado por muchos buenos momentos, y momentos malos, no sé por qué, pero a veces quiero dejarlo, pero al mismo tiempo no quiero, sé que es lo mejor para mi hijo, pero me siento agotada y muchas veces mi mente no quiere seguir, hay días de lucha constante conmigo misma y con mi hijo que pide y yo siento que no quiero.

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